…recetario para invocar fantasmas…

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Hace unos días anduve por el centro de la ciudad y fui atrapado por una de mis aficiones favoritas: los fantasmas. Sí, leyeron bien… los fantasmas, pero no me refiero a aquellos protagonistas de la serie ‘Historias de ultratumba’ o ‘Creepshow’, sino más bien a aquellos que se pueden encontrar cotidianamente, en cualquier lugar, a partir de la propia experiencia. Esta experiencia abrumadora, en este caso particular, tiene que ver con una serie de sensaciones y emociones que suelen aparecer durante la interacción con determinadas situaciones, atmósferas, espacios, objetos que estimulan la memoria, pese a que en la práctica pueda que dicha interacción no haya sido real o no haya sucedido, al menos no de forma tangible. Lo que si queda claro (y dudo que alguien pueda decir lo contrario), es que a menudo nos vemos invadidos por una suerte de sensación recurrente, muy a lo ‘deja vu’, que nos hace pensar en vidas pasadas o cosas similares. No cabe duda que la posibilidad de lo sobrenatural es excitante, exacerba cierto tipo de morbo en las personas, pero a mi modesto entender, me parece mas excitante el mero pretexto que incite a entender un poquito el misterioso mundo de la ‘ley de recurrencia’ (…pero vista de un modo particular).

Ecuación y código situacional.
Me resulta gracioso tener que apelar al álgebra para abstraer el concepto. Para entender mejor el sentido que queremos darle a la ‘ley de recurrencia’ imaginemos una situación espacio-temporal ‘x‘ como una ecuación. Si congelamos ‘x’, podremos desmenuzar la situación en un conjunto de innumerables valores o variables a partir de la cual podremos plantear dicha ecuación. Algo así sucede en el código genético: existe un patrón (el código) y una gran cantidad de variables (los genes), mediante la combinatoria de dichas variables se tiene como resultado la existencia de una infinita cantidad de seres únicos basados en un mismo patrón. De la misma forma se puede establecer una especie de ‘código situacional’ del cual forman parte una multitud de variables que a su vez darán como resultado una infinita cantidad de situaciones únicas (de hecho se reconoce una ‘conciencia situacional’ con fines predictivos). Ahora bien, en ambos casos, estadísticamente podría parecer imposible la repetición del resultado de la ecuación (debido a la difícil convergencia de iguales variables), sin embargo es posible replicar el resultado de la misma (como lo demuestra la clonación en el caso del código genético). La recurrencia a la que nos referimos entonces es la referida a las condiciones particulares que conforman dicho código situacional, en la recomposición o replica de la situación ‘x‘ a partir de la recurrencia de los valores que la conforman. Lo maravilloso del asunto, es que no es necesario llegar a la replicación para que la mente humana logre recomponer la ecuación sin tener necesidad de contar con la totalidad de las variables, es allí que los ‘fantasmas‘ aparecen…

Resonancia y repercusión.
A mediados del siglo XX, Gaston Bachelard acuña dos conceptos fundamentales para la fenomenología de la imagen poética que me parece que explican el fenómeno al que nos referimos en este artículo. Para Bachelard, la efectividad de la imagen poética pasa por la creación de la misma a partir de la combinación de experiencias emocionales, sensibles, sensoriales, concientes, etc. que el autor externaliza en lo que llama ‘resonancias‘. Dichas resonancias se constituyen en el ‘código poético’ mediante el cual el poeta logrará transmitir la imagen y su personalísima experiencia  de la misma; experiencia que el lector podrá internalizar y hacer propia mediante lo que Bachelard llama ‘repercusión‘. Esta repercusión sólo es posible si el código poético es transmitido en una suerte de frecuencia colectiva estandarizada, donde la memoria apela al uso de imágenes primarias a partir de las cuales es posible reestructurar la experiencia del poeta, de revivirla, pero con sabor propio. Estas imágenes primarias de las que hace uso el poeta, son las variables determinantes de la ecuación, él no necesita darle todas las variables al receptor porque éste a su vez acudirá a su memoria primaria para completarla con los valores faltantes (que formarán una especie de estructura cohesiva propia), logrando así, que exista probabilidad de multitud de interpretaciones que varían de receptor a receptor, pero igual de válidas entre sí. Pero el concepto de cohesión, en este caso, va un poco más allá…

Panpsiquismo y hapticidad.
Conciencia
y materia están indivisiblemente vinculadas. Y no solo en terminos del conocimiento o reconocimiento del mundo material, sino (como lo plantean algunos exponentes del panpsiquismo) en el sentido de que la conciencia es una propiedad normal y universal de la materia que contribuye como parte de las fuerzas cohesivas de la misma, o como parte importante de ciertas conductas inteligentes observadas en la naturaleza, pero sobretodo como una suerte de ‘código de identidad’ (lo cual supone la existencia de diferenciaciones y grados de conciencia). De hecho, personalmente creo que tanto la teoría de la relatividad, del caos, la fractalidad, etc. son compatibles con esta visión: la existencia de una especie de conciencia universal inmanente que regula el comportamiento del mundo material y que es a su vez continente universal de las conciencias particulares (la idea existe desde la antigüedad, incluso ha sido motivo de persecución por las iras santas). La conciencia humana dentro de este continente debería ser capaz de transmigrar hacia la realidad material casi como por osmosis. Así, la presencia del ser humano en un determinado ámbito, impregnaría esté último de los rasgos de su conciencia, los cuales pasarían a formar parte de las variables participantes, de los ‘genes’ del ‘código situacional’ del que hablamos con anterioridad. Este código situacional permitiría a un eventual posterior habitante o visitante del mismo ámbito, reconstruir la experiencia al igual que las ‘resonancias’ dejadas por el poeta (en la fenomenología de Bachelard), se reconstruyen en una ‘repercusión’. Para lograr decodificar dicha información, el ser humano debe acudir al conglomerado de percepciones conocido como percepción háptica, que ejerce el papel de interfaz con el ámbito exterior. Este conglomerado multisensorial permite entrar en contacto, en tensión con el ámbito, con el espacio, de manera que el ser humano toma posesión del mismo, lo experimenta, lo comprende, lo aprehende, lo hace suyo. Se podría decir entonces que la hapticidad es el instrumento receptivo de la conciencia, mediante el cual el ser humano internaliza el código situacional y lo hace propio…

Conclusión…
Puede que el tema tienda a tornarse un poco denso, pero era inevitable dispersarme (lo siento, es un vicio…). Dicho en forma sencilla: en ocasiones nos sentimos ‘emocionar’ por la cuasi ‘misteriosa’ condición de un determinado lugar o espacio, aparentemente congelado en determinado tiempo, sentimos que forma parte de nuestra experiencia, pese a que talvez nunca lo hemos pisado antes, o ni siquiera lo hayamos visto. Este poderoso ‘deja vu’ es el resultado de hacer uso nosotros mismos de nuestra propia memoria para recomponer una ecuación que quedó incompleta debido a la ausencia de su autor original, de una otrora presencia que impregno de sí misma el lugar que ahora nos ‘pertenece’ en medio de una particular experiencia sensible; presencia/ausencia que aporta ese aire nostálgico que nos provocan ciertos sitios y que nos hacen pensar en una existencia previa que confundimos como nuestra….y así, podría concluir con una receta infalible para invocar un fantasma: en un recipiente (de preferencia usado) agregue un ser humano y déjelo en maceración por tiempo indeterminado. Al cabo de ese tiempo, retíre el contenido y deje el envase cerrado en reposo durante un periodo prudencial de manera que los aromas, sabores, sonidos, etc. logren fijarse en las paredes del mismo…al final de dicho período Ud. podrá asomarse al interior del mismo y comprobar que allí dentro se ha formado un fantasma (cuando menos…).

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2 comentarios en “…recetario para invocar fantasmas…

  1. Interesante apreciación desde el punto de vista filosófico y hasta biológico. Tratre de usar la receta y ojalá logre encontrar el fantasma (sería bueno reencontarme) un fuerte abrazo Martin.

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